En 2012 se editó un interesante libro bajo el título de “Yokai. Monstruos y fantasmas en Japón”. El texto lo firmaba Andrés Pérez Riobó, historiador nacido en Vigo (1980) pero residente en Kyoto, especializado en el desarrollo histórico del cristianismo en Japón durante los siglos XVI y XVII. Le perseguimos incansables hasta conseguir una entrevista.
¿Qué atrajo su interés sobre el desarrollo histórico del cristianismo en Japón, entre los siglos XVI y XVII? ¿Fue originado en su interior, o bien como resultado de una “invasión” del exterior por medio de las misiones? ¿Fue un proceso natural, de modo progresivo, o convulso y veloz como en la expansión del cristianismo en Sudamérica?
En principio tenía interés en las relaciones hispano-japonesas entre los siglos XVI y XVII. Es un tema apasionante ver cómo en el Pacífico dos países fuertes tuvieron que acomodarse para convivir en un nuevo escenario internacional. Pero quizá la contribución de los misioneros ibéricos (portugueses y castellanos) a la extensión del cristianismo en esta época fue más importante que el intercambio de personas y bienes que hubo entre Filipinas y Japón.
A diferencia del caso americano, en Japón los misioneros no tuvieron el apoyo militar de ninguna potencia europea, ya el Japón de la época era una civilización que en muchos aspectos superaba a occidente, y no menos en su tradición marcial. Los misioneros llegaron prácticamente solos a Japón y combinando la evangelización a nivel popular con una buena relación con las clases gobernantes lograron que el cristianismo se convirtiese en una religión de masas. No es probable que todo Japón se convirtiese al cristianismo abandonando sus propias tradiciones, pero a comienzos del siglo XVII ya era una religión enraizada en algunas regiones y en continuo crecimiento, con una comunidad de unos trescientos mil creyentes. De todas formas, la persecución que sobrevino poco después borraría todos los frutos de esta incipiente misión.
¿Es un caso donde la cultura tuvo un papel importante para frenar, o bien activar, el crecimiento del cristianismo?
Es difícil adivinar las causas por las que miles de personas decidieron abandonar sus antiguas creencias por unas nuevas. Hubo casos de puro interés material, ya que varios señores feudales y sus séquitos se convirtieron al cristianismo para poder comerciar en mejores condiciones con los portugueses y castellanos. También hubo algunos casos de conversiones forzadas de poblaciones bajo el mando de algún nuevo samurái cristiano, pero en su mayoría las conversiones fueron voluntarias. ¿Por qué? Al fin y al cabo, para la mayoría de los japoneses de la época, los misioneros solo eran unos nuevos bonzos que predicaban algo un poco diferente al resto de sectas budistas, pero que tampoco era tan diferente. Era otra vía para alcanzar lo que más preocupaba al pueblo: la salvación en el futuro. Los misioneros se lanzaron con todo su celo y ahínco a esta misión, llevando una vida estoica y dura en un ambiente que muchas veces les era desfavorable. Para muchos japoneses, que unos religiosos decidieran embarcarse en un viaje de dos años para llevarles un mensaje de salvación era algo que tenía mucho mérito. Muchos les escucharon y sintieron que ese mensaje tenía valor, en una época inestable de guerras internas en Japón en la que el clero budista japonés no se preocupaba lo suficiente del bienestar espiritual de sus parroquias. Los japoneses estaban dispuestos para recibir el mensaje cristiano porque a nivel de desarrollo histórico el budismo y el cristianismo coincidían en muchos aspectos. No creo que hubiera un elemento cultural a priori que frenase la introducción del cristianismo en Japón.
¿Resulta complicado investigar sobre el particular? ¿Qué tipo de fuentes emplea para ello?
La historia de la misión en sí no es difícil de investigar, pues hay infinidad de relaciones de las propias órdenes que estuvieron en Japón (jesuitas, franciscanos, dominicos, agustinos), además de las cartas de los misioneros. Lo que sí es más difícil es conocer qué era realmente lo que creían y practicaban los cristianos japoneses de la época, pues la conversión no significaba un corte absoluto con sus antiguas creencias. Más bien hubo una adaptación, una sobreimposición de significados. Los creyentes de base apenas dejaron ningún auto-testimonio, por lo que se hace necesario leer entre líneas las relaciones de los misioneros para acercarnos al cristianismo diario del pueblo.
Otro tipo de fuentes son las obras de la llamada imprenta cristiana de Japón. Los misioneros introdujeron la imprenta europea y publicaron decenas de obras en japonés, catecismos, vidas de santos, libros de espiritualidad, obras de astronomía y algunos clásicos como Aristóteles o las Fábulas de Esopo. Estas obras no son solo traducciones directas de obras que se encuentran en Europa sino que están adaptadas a la mentalidad japonesa, por lo que en los cambios, adicciones o exclusiones que aparecen podemos extraer características peculiares a la misión en Japón.
De un modo esquemático, ¿qué podemos aprender de ese período? ¿Encuentra similitudes con la época presente?
En general, creo que la historia nos enseña a valorar cómo las personas reaccionan de diferentes maneras ante diversos acontecimientos, la historia nos ayuda a relativizar el presente, a abandonar posiciones esencialistas. Todos los usos y costumbres que nos parecen naturales son productos de diversas coyunturas históricas y cambian continuamente. El cristianismo del siglo XVI es muy diferente al cristianismo actual porque la gente razonaba de modos distintos a los nuestros. No creo que la historia pueda dar lecciones morales, más bien esto habrá que dejárselo a la literatura, pero sí creo que conocer qué impulsó a cientos de misioneros a embarcarse en viajes peligrosos y agotadores que no prometían ningún bien material o por qué miles de japoneses decidieron ser torturados y martirizados antes de abandonar su fe, expande nuestra comprensión del ser humano más allá del materialismo e individualismo del presente.
¿Conoce, aunque sea en calidad de observador, en qué situación se encuentra el cristiano actual en el país?
Los cristianos son hoy el 1% de la población de Japón. Parece muy poco, pero es muy fácil encontrarte con iglesias en las ciudades. A nivel educativo, la influencia es mucho mayor, pues hay multitud de colegios y universidades privadas que son cristianas (sin que implique una enseñanza intensiva de la doctrina). El cristianismo está normalizado y ser cristiano es una opción más. No destaca ni es marginado. Incluso ha habido varios primeros ministros cristianos, sin que esto haya sido motivo ni siquiera de comentario. No hay proselitismo agresivo; el cristianismo se ha adaptado a la discreción de los japoneses. En Japón se respetan las creencias personales de cualquier tipo de forma natural, sin temor a que te asocien a ideologías conservadoras.
¿Resulta complicado para un español el traslado de residencia al país asiático? Me refiero no tanto a aspectos prácticos como a algún tipo de cambio de mentalidad, dificultades en la adaptación de ciertas costumbres, etc…
No creo. Más bien al revés, al occidental en Japón se le permiten comportamientos excéntricos de los que un japonés típico tendría que abstenerse. La adaptación viene poco a poco y sobre todo consiste en no molestar a los demás y ser educado.
Ha escrito un libro que versa sobre leyendas y mitos de monstruos y fantasmas en Japón. ¿Se encuentra el japonés más preparado que un ciudadano europeo para acoger lo sobrenatural?
Sin duda. En Japón no ha habido nunca una ortodoxia clara respecto a lo que hay que creer, a excepción del período ultranacionalista previo a la segunda guerra mundial. La persecución del cristianismo en Japón en el período pre-moderno se explica más por cuestiones políticas que no religiosas. La influencia de la religión animista del sintoísmo tiene mucho que ver en ello ya que su concepción de lo sagrado es muy amplia: un árbol, una roca, una montaña, un río, un animal, algún personaje ilustre, las palabras en sí mismas, todo ello puede ser objeto de celebración o respeto sagrado. Y todos estos elementos son cotidianos, rodean nuestra vida diaria. Los yokai o monstruos japoneses son representaciones de presencias sagradas que normalmente traían desgracias (muerte, enfermedades, sequías, plagas, etc.). Su carácter cambió a lo largo del tiempo. Hoy en día perviven en la cultura popular (cine, manga, videojuegos, etc.) y como objeto de estudio académico, y en algunos santuarios se les sigue rindiendo culto.
¿Cómo explica tal proliferación de narraciones sobre el tema?
Los yokai renacieron tras la segunda guerra mundial de la mano de un dibujante muy famoso, Mizuki Shigeru. Su éxito se relaciona con el crecimiento económico japonés de la segunda mitad del siglo XX, una época en la que definitivamente la modernidad acabó de forma repentina con el campesinado y las tradiciones rurales tal y como se conocían. En el mismo momento en que estas tradiciones morían, los yokai saltaron a la fama con un nuevo papel: representaban un mundo perdido misterioso y muchas veces idealizado. Los yokai producen nostalgia porque nos recuerdan que no siempre vivimos en grandes ciudades rodeados de asfalto, imágenes digitales, música y dinero. Creo que en la actualidad los japoneses siguen estando interesados en los yokai porque proporcionan una vía lúdica de escape sin pedir a cambio ningún compromiso.

Andrés Pérez: nostalgia y cristianismo en Japón, entrevista de Daniel Jándula Martín se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.





- Hablando de españolada, ¿cómo hicisteis para que en el disco no se notara que sois de aquí? A mí me dicen que Partido es un grupo de Fort Worth o de Nashville y me lo creo.
El problema no es que haya menos cultura, es que la gente no quiere acceder a ella. Cultura hay, toda la que quieras. Yo he llegado a mis referentes jazzísticos gracias a las bibliotecas. Otra cosa es que no te interese encontrarla, pero si quieres puedes… una generación de entre 18 y 25 años sin cultura está perdida. La cultura es necesaria para que las cosas cambien.
El miedo es irracional, pero la preocupación y la ansiedad también lo son y casi nunca hay motivos de peso para su existencia privilegiada en nuestra forma de vida. Sin embargo, les hemos dado una amplia presencia en nuestro mundo. Incluso nos molesta cuando alguien apela a cambiar el modo de ver las cosas; nos parece enormemente intransigente que alguien rechace dejarse llevar por el pesimismo y denuncie la idolatría hacia el sufrimiento que tanto impera en nuestra sociedad. Pero ojo, también hay formas de “ver las cosas con esperanza” que alejan a las personas del principal problema que atravesamos en nuestro país. Ese problema acuciante e hiriente no es la recesión económica, ni tampoco la estupidez de la clase política, ni siquiera lo es la democracia. Ese problema es la injusticia, o más concretamente, la desigualdad. Desigualdad de entendimiento, desigualdad de oportunidades, desigualdad de género y generacional (dos cosas distintas), desigualdad de convicciones y de derechos, de deberes y de responsabilidad. Desigualdad entre empleado y no empleado. No busquen ayuda en el Gobierno, porque jamás la encontrarán allí; no la busquen en sí mismos, porque su propia naturaleza les engañará. Nos movemos en un terreno más vivo de lo que pensábamos. La economía no es tan científica como nos habían explicado… o quizá solo lo es cuando se mira hacia atrás, por eso es una rama incluida dentro de las humanidades.



