cristianismo en japón

[ENTREVISTA] Nostalgia y cristianismo en Japón

En 2012 se editó un interesante libro bajo el título de “Yokai. Monstruos y fantasmas en Japón”. El texto lo firmaba Andrés Pérez Riobó, historiador nacido en Vigo (1980) pero residente en Kyoto, especializado en el desarrollo histórico del cristianismo en Japón durante los siglos XVI y XVII. Le perseguimos incansables hasta conseguir una entrevista.

¿Qué atrajo su interés sobre el desarrollo histórico del cristianismo en Japón, entre los siglos XVI y XVII? ¿Fue originado en su interior, o bien como resultado de una “invasión” del exterior por medio de las misiones? ¿Fue un proceso natural, de modo progresivo, o convulso y veloz como en la expansión del cristianismo en Sudamérica?

En principio tenía interés en las relaciones hispano-japonesas entre los siglos XVI y XVII. Es un tema apasionante ver cómo en el Pacífico dos países fuertes tuvieron que acomodarse para convivir en un nuevo escenario internacional. Pero quizá la contribución de los misioneros ibéricos (portugueses y castellanos) a la extensión del cristianismo en esta época fue más importante que el intercambio de personas y bienes que hubo entre Filipinas y Japón.
A diferencia del caso americano, en Japón los misioneros no tuvieron el apoyo militar de ninguna potencia europea, ya el Japón de la época era una civilización que en muchos aspectos superaba a occidente, y no menos en su tradición marcial. Los misioneros llegaron prácticamente solos a Japón y combinando la evangelización a nivel popular con una buena relación con las clases gobernantes lograron que el cristianismo se convirtiese en una religión de masas. No es probable que todo Japón se convirtiese al cristianismo abandonando sus propias tradiciones, pero a comienzos del siglo XVII ya era una religión enraizada en algunas regiones y en continuo crecimiento, con una comunidad de unos trescientos mil creyentes. De todas formas, la persecución que sobrevino poco después borraría todos los frutos de esta incipiente misión.

¿Es un caso donde la cultura tuvo un papel importante para frenar, o bien activar, el crecimiento del cristianismo?

Es difícil adivinar las causas por las que miles de personas decidieron abandonar sus antiguas creencias por unas nuevas. Hubo casos de puro interés material, ya que varios señores feudales y sus séquitos se convirtieron al cristianismo para poder comerciar en mejores condiciones con los portugueses y castellanos. También hubo algunos casos de conversiones forzadas de poblaciones bajo el mando de algún nuevo samurái cristiano, pero en su mayoría las conversiones fueron voluntarias. ¿Por qué? Al fin y al cabo, para la mayoría de los japoneses de la época, los misioneros solo eran unos nuevos bonzos que predicaban algo un poco diferente al resto de sectas budistas, pero que tampoco era tan diferente. Era otra vía para alcanzar lo que más preocupaba al pueblo: la salvación en el futuro. Los misioneros se lanzaron con todo su celo y ahínco a esta misión, llevando una vida estoica y dura en un ambiente que muchas veces les era desfavorable. Para muchos japoneses, que unos religiosos decidieran embarcarse en un viaje de dos años para llevarles un mensaje de salvación era algo que tenía mucho mérito. Muchos les escucharon y sintieron que ese mensaje tenía valor, en una época inestable de guerras internas en Japón en la que el clero budista japonés no se preocupaba lo suficiente del bienestar espiritual de sus parroquias. Los japoneses estaban dispuestos para recibir el mensaje cristiano porque a nivel de desarrollo histórico el budismo y el cristianismo coincidían en muchos aspectos. No creo que hubiera un elemento cultural a priori que frenase la introducción del cristianismo en Japón.

¿Resulta complicado investigar sobre el particular? ¿Qué tipo de fuentes emplea para ello?

La historia de la misión en sí no es difícil de investigar, pues hay infinidad de relaciones de las propias órdenes que estuvieron en Japón (jesuitas, franciscanos, dominicos, agustinos), además de las cartas de los misioneros. Lo que sí es más difícil es conocer qué era realmente lo que creían y practicaban los cristianos japoneses de la época, pues la conversión no significaba un corte absoluto con sus antiguas creencias. Más bien hubo una adaptación, una sobreimposición de significados. Los creyentes de base apenas dejaron ningún auto-testimonio, por lo que se hace necesario leer entre líneas las relaciones de los misioneros para acercarnos al cristianismo diario del pueblo.
Otro tipo de fuentes son las obras de la llamada imprenta cristiana de Japón. Los misioneros introdujeron la imprenta europea y publicaron decenas de obras en japonés, catecismos, vidas de santos, libros de espiritualidad, obras de astronomía y algunos clásicos como Aristóteles o las Fábulas de Esopo. Estas obras no son solo traducciones directas de obras que se encuentran en Europa sino que están adaptadas a la mentalidad japonesa, por lo que en los cambios, adicciones o exclusiones que aparecen podemos extraer características peculiares a la misión en Japón.

De un modo esquemático, ¿qué podemos aprender de ese período? ¿Encuentra similitudes con la época presente?

En general, creo que la historia nos enseña a valorar cómo las personas reaccionan de diferentes maneras ante diversos acontecimientos, la historia nos ayuda a relativizar el presente, a abandonar posiciones esencialistas. Todos los usos y costumbres que nos parecen naturales son productos de diversas coyunturas históricas y cambian continuamente. El cristianismo del siglo XVI es muy diferente al cristianismo actual porque la gente razonaba de modos distintos a los nuestros. No creo que la historia pueda dar lecciones morales, más bien esto habrá que dejárselo a la literatura, pero sí creo que conocer qué impulsó a cientos de misioneros a embarcarse en viajes peligrosos y agotadores que no prometían ningún bien material o por qué miles de japoneses decidieron ser torturados y martirizados antes de abandonar su fe, expande nuestra comprensión del ser humano más allá del materialismo e individualismo del presente.

¿Conoce, aunque sea en calidad de observador, en qué situación se encuentra el cristiano actual en el país?

Los cristianos son hoy el 1% de la población de Japón. Parece muy poco, pero es muy fácil encontrarte con iglesias en las ciudades. A nivel educativo, la influencia es mucho mayor, pues hay multitud de colegios y universidades privadas que son cristianas (sin que implique una enseñanza intensiva de la doctrina). El cristianismo está normalizado y ser cristiano es una opción más. No destaca ni es marginado. Incluso ha habido varios primeros ministros cristianos, sin que esto haya sido motivo ni siquiera de comentario. No hay proselitismo agresivo; el cristianismo se ha adaptado a la discreción de los japoneses. En Japón se respetan las creencias personales de cualquier tipo de forma natural, sin temor a que te asocien a ideologías conservadoras.

¿Resulta complicado para un español el traslado de residencia al país asiático? Me refiero no tanto a aspectos prácticos como a algún tipo de cambio de mentalidad, dificultades en la adaptación de ciertas costumbres, etc…

No creo. Más bien al revés, al occidental en Japón se le permiten comportamientos excéntricos de los que un japonés típico tendría que abstenerse. La adaptación viene poco a poco y sobre todo consiste en no molestar a los demás y ser educado.

Ha escrito un libro que versa sobre leyendas y mitos de monstruos y fantasmas en Japón. ¿Se encuentra el japonés más preparado que un ciudadano europeo para acoger lo sobrenatural?

Sin duda. En Japón no ha habido nunca una ortodoxia clara respecto a lo que hay que creer, a excepción del período ultranacionalista previo a la segunda guerra mundial. La persecución del cristianismo en Japón en el período pre-moderno se explica más por cuestiones políticas que no religiosas. La influencia de la religión animista del sintoísmo tiene mucho que ver en ello ya que su concepción de lo sagrado es muy amplia: un árbol, una roca, una montaña, un río, un animal, algún personaje ilustre, las palabras en sí mismas, todo ello puede ser objeto de celebración o respeto sagrado. Y todos estos elementos son cotidianos, rodean nuestra vida diaria. Los yokai o monstruos japoneses son representaciones de presencias sagradas que normalmente traían desgracias (muerte, enfermedades, sequías, plagas, etc.). Su carácter cambió a lo largo del tiempo. Hoy en día perviven en la cultura popular (cine, manga, videojuegos, etc.) y como objeto de estudio académico, y en algunos santuarios se les sigue rindiendo culto.

¿Cómo explica tal proliferación de narraciones sobre el tema?

Los yokai renacieron tras la segunda guerra mundial de la mano de un dibujante muy famoso, Mizuki Shigeru. Su éxito se relaciona con el crecimiento económico japonés de la segunda mitad del siglo XX, una época en la que definitivamente la modernidad acabó de forma repentina con el campesinado y las tradiciones rurales tal y como se conocían. En el mismo momento en que estas tradiciones morían, los yokai saltaron a la fama con un nuevo papel: representaban un mundo perdido misterioso y muchas veces idealizado. Los yokai producen nostalgia porque nos recuerdan que no siempre vivimos en grandes ciudades rodeados de asfalto, imágenes digitales, música y dinero. Creo que en la actualidad los japoneses siguen estando interesados en los yokai porque proporcionan una vía lúdica de escape sin pedir a cambio ningún compromiso.

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[ENTREVISTA] Partido. Un instante de madurez

Rescatamos una entrevista realizada en agosto a Víctor Partido, fundador del grupo de folk que viste su apellido. Su periplo les ha llevado por escenarios de toda España llevando sus letras profundas e inquietas. Empezamos con detalles de su estilo y la grabación de Leaving all behind, su último disco, y concluimos con un alegato.

- Finales de agosto. Hacía un calor atroz en el centro de Barcelona. Víctor Partido y yo nos encontramos en un sitio lleno de turistas donde era difícil reconocerse, y nos sentamos bajo el sol, de ahí que extienda mis disculpas si me paso de extravagante. Fue un encuentro ciertamente agradable a pesar de la alergia que me hacía aflorar lágrimas todo el tiempo. No sé si Victor pensó que era debido a algo que dijo, aunque reconozco que algunas más cayeron después de la conversación, cuando lo que quedaba era la soledad encima de una bici y el repaso mental a lo que uno y otro habíamos dejado caer en ese momento de concentración entre desconocidos. No quería dar paso al contenido sin dejar un agradecimiento especial a David Giménez, manager y productor artístico, por haber dado el primer paso para que pudiera sacar a pasear mi grabadora.

Últimamente me encuentro a muchos músicos con una situación similar a la tuya con Partido. Bandas enteras cuyos miembros llevan cantidad de años de carrera y deciden fundar un grupo desde cero. Bandas que graban su primer disco, pero donde todos su participantes han pasado varias veces por un estudio. Quiero decir que tenemos bandas relativamente nuevas, pero con una experiencia muy amplia de fondo.

Yo tengo treinta y cinco años. Debería estar con hijos, dos coches y una casa. Quizá uno aparece de un modo totalmente diferente de lo que se espera. Lo que pasa es que con la situación actual cada vez hay más personas que se piensan si realmente vale la pena seguir adelante con lo que hacen, te interrogas más a menudo sobre ello. Eso hace que cambies de grupo, y hasta de ciudad, en menos tiempo, tienes la necesidad de moverte, de cambiar. No es difícil que ocurra eso que dices.

Partido empezó a finales de 2009, tras dos ensayos, con un concierto en acústico. Como banda formada, la cosa empieza entrado 2010.

- Pero tú ya habías grabado en solitario.

Sí, yo empecé a finales del año 99. Dejé grabado Lost sessions.

- ¿Cómo fue aquella grabación?

Estuve trabajando con Carles Cagigal (miembro de Selenitas), y empezamos con un single, que luego se convirtió en EP, y después de dos años seguíamos grabando canciones hasta tener el disco. En 2003 acabó la colaboración, yo empecé a trabajar en otro lado de la industria, en distribución y demás, poco después Carles murió y me quedé sin saber muy bien qué hacer. Seguía tocando, pero era como aquél que va los sábados a jugar a fútbol-sala con los amigos… hicimos una banda-tributo a Pink Floyd que fue muy bien, y me fui dejando llevar, aunque lo que realmente quería era escribir canciones… hasta que en 2009, como te decía, empezó Partido. Conocía a Edu, de La habitación roja; a Nacho, que estaba con María Rodès… todo el mundo que conocía estaba embarcado en un montón de proyectos y me tuve que poner al día, porque venía de otro mundo, estaba como desfasado. La escena de 1999 era muy distinta a la de diez años después, no tenían nada que ver una con otra… y lo siguiente fue abrir conciertos.

- Ahí es cuando empezáis a telonear a Damien Jurado, a Dandy Warhols… ¿fue difícil volver a arrancar de nuevo, después del relativo parón?

Cuesta mucho, porque mi proyecto vital estaba asentado… entonces ya estaba casado, mi vida organizada en función del trabajo en una empresa… había algo vocacional, claro, pero yo observaba que la escena cambiaba, que se abrían posibilidades para la música que me gustaba hacer, quedaba atrás el shoegaze o el tonti-pop de los años noventa tan diferente a lo nuestro, y eso me animó a lanzarme, a pensar que en ese ambiente podría estar bien. Sabiendo que hay algo en lo que definitivamente la escena musical sí que ha cambiado: en el “no hay dinero”. Cuando grabé el primer disco, lo normal era que te grabaran, te llevaran de gira, invirtieran un tiempo y un dinero en ti. Ahora mismo eso no existe. Pero vuelvo de otra manera.

- Ahora será al revés: primero trabajáis más conciertos y luego el disco…

El año 2010 lo pasamos haciendo bolos… los más posibles y dentro de lo coherente. No puedes tocar en la misma ciudad cuatro veces en un mes porque al final no va a verte nadie. Diseminamos las actuaciones, las preparamos bien, y luego en 2011 nos centramos en el disco, y a partir de ahí hemos ido creciendo.

- ¿Cómo surgió la colaboración con Eef Barzelay (Clem Snide)?

Es otra de nuestras referencias, junto a Jayhawks, un poco de Wilco… Clem Snide era uno de mis favoritos cuando trabajaba en la tienda de discos. Me encanta The Ghost of Fashion. Teníamos un contacto con Natalia, de Houston Party, que promovían sus conciertos, y él buscaba grupo para su gira aquí… nos empollamos el disco y listo, hicimos once días en doce ciudades. Con él aprendimos dos cosas: una es lo que significa ser un músico de verdad, ser un currante de la Americana al cien por cien y estar atento a todos los detalles… y la otra es que realmente podíamos apropiarnos de otras canciones, recrear un disco entero y aportar algo de nosotros mismos. De hecho, tocamos canciones de Clem Snide en nuestros conciertos.

- Hay algo de los músicos que me sorprende un montón, y es que estáis anclados al pasado… en el buen sentido.

En el caso de Clem Snide tenemos a uno de los creadores de este chiringuito, junto a grupos como Golden Smog, Uncle Tupelo, Jayhawks en su momento…

- Me viene Tame Impala a la cabeza.

Bueno, algunos son más rockeros, otros menos… pero todos estos se hicieron los padres del invento de la Americana tal como la conocemos hoy, a veces mezclando folk, otras veces acudiendo al sonido de años cincuenta o más clásico… son los padres del invento… es normal que reivindiquen lo suyo, y sus discos siguen vigentes… aquí  vamos mil años tarde a todo y todavía se ven influencias, pero lleva veinte años ya creado y ha llegado a un punto homogéneo, como en cada estilo…

- Algo así ocurrió con el NRA en los ochenta, que viniendo de un mundo más rockero acabaron incorporando elementos del country…

Exacto. También hay que ver cómo eran las carreras musicales hace décadas, y cómo son ahora. Es raro en la actualidad ver una carrera de cuarenta y tres años como la de Neil Young… el caso de Eef Barzelay es el de un tío con talento pero que pasa bastante desapercibido, pero siempre está… De hecho, Clem Snide no es una banda, sino su concepto, aparte que ha tenido que autoeditarse… esta es cada vez más una carrera de fondo. Nosotros lo tomamos con calma, porque no sabemos dónde estaremos el año que viene.

- Es común encontrar recientemente la práctica de un músico que escoge una banda del país al que acude… como Will Johnson (de Centro-matic) con Anímic… se hizo un documental… está también Micah P. Hinson y Tachenko…

Es indudable que algo hay…

- No lo llamaría una moda, pero…

Sí, pero existe. España mola para el yankee por clima, público, aceptación… una experiencia española les interesa mucho… y al mismo tiempo ahora hay mucho más nivel entre las bandas para conseguir algo aceptable, para que suene bien… en los ochenta España era muy rockera y a la vez muy mainstream, todo muy marcado por las tendencias… en la actualidad hemos asimilado la cultura folk de fuera y no es raro escuchar este tipo de música… los acompañantes ya no parecen unos paletos…

- Hablando de españolada, ¿cómo hicisteis para que en el disco no se notara que sois de aquí? A mí me dicen que Partido es un grupo de Fort Worth o de Nashville y me lo creo.

Como oyente musical he tenido etapas muy españolas… quiero decir, que a la hora de escuchar tengo muchas referencias, pero como compositor muy pocas. Por ejemplo, ahora se me ríen los del grupo pero estoy escuchando la discografía de Loquillo en los ochenta, cosas como La Frontera… (risas)

- Era lo que había entonces.

Claro, solo tenías eso como referencia de lo que se hacía al otro lado del charco. Ahora, que yo escuche esto no significa que no escuche discos de una compañía como Elefant, o de Acuarela… como oyente me considero un musicólogo muy activo, me gusta escuchar cosas muy distintas, pero a la hora de hacer canciones tengo muy claro de dónde partir. Me gusta pensar que, ya que tomamos etiquetas y nombres tan identificables, al menos profundicemos…

- Pero al mismo tiempo yo detecto algo personal en vuestro disco. Hay un estilo propio.

Aunque haya un punto de partida convencional, escribo en primera persona, no me meto con cosas de las que no sepa nada… volviendo a lo poco español del disco, puede ser una ventaja, pero también un handicap. No formas parte de ninguna escena (por ejemplo aquí en Cataluña que es tan característica, aunque también recurre al folk)… no sé, a veces es bueno tener compañeros de viaje… nuestra pelea es que lo que hagamos sea decente, aunque tengamos que esperar hasta tres años para editarlo.

- Algo parecido me dijo Jonathan Wilson. Me contaba que su proceso de grabación había sido enormemente largo, que tardó como cinco años en grabarlo y el resultado final no se parecía al, digamos, primer borrador.

Eso me pasó con Lost Sessions. Cuando edité lo que parecía el recopilatorio de lo que hacía diez años atrás, no quería sacarlo. Me parecía una mierda… quiero decir, que respondía de él pero para nada representaba lo que yo hacía o era capaz de hacer… salió en Greyhead, el sello más indie que hay. Se hicieron quinientas copias en vinilo y se regalaba el CD. De vez en cuando se van vendiendo copias. Comercialmente es un suicidio, pero Juan Pedro Parras me lo recomendó para dar una validez a lo que ya había hecho antes de iniciar de nuevo una carrera. Fue horrible para mí escuchar lo que tocaba diez años antes. De ahí pasamos a otro suicidio comercial que fue grabar Leaving all behind en cuatro días y mezclarlo en dos.

- ¿Por qué es un suicidio?

No puedes elegir. Grabas prácticamente en directo toda la instrumentación, los overdubs… no hay tomas alternativas, no hay nada… la mayoría de lo que está en el disco son primeras tomas, si hay segundas es porque se rompieron las primeras y no se pudieron utilizar.

- Paco Loco (el ingeniero) no suele trabajar así de rápido.

No. Pero también es una de esas personas que se adaptan rápido a lo que necesitas. Nos dijo: vale, si queréis salir de aquí con un disco en seis días os vais a volver locos. Son catorce o dieciséis horas de trabajo al día. Pero al final el disco salió.

- Se grabó en el Puerto de Santa María, ¿no?

Y se mezcló en dos días, en los que acabas con los oídos contaminados y no puedes analizarlo bien. Ahora que lo escucho, puedo no estar de acuerdo con todo, aunque me parece un buen trabajo.

- ¿Teníais esa necesidad de querer soltarlo todo? Creo que el disco sobresale porque está grabado como si no fuera a haber un mañana.

Emocionalmente, sí. También es cierto que en directo cambia, el directo es más cañero. El disco es confesional, compuesto en un período de tiempo largo, un período de ocho años, es como una crisis de identidad (ese momento antes de la madurez)… es el tema principal… es un trabajo sufrido y urgente… a lo mejor el próximo es más optimista, no lo sabemos…

- Tiene un punto de oscuridad.

No fueron en paralelo el momento de composición con el momento vital mío. Es curioso.

- Yo noto madurez musical también.

En ese sentido el disco ha sido muy bien recibido entre la crítica. Me hicieron notar que eso podía jugar también en contra, porque siempre se espera mucho después… imagínate que el siguiente es más radiante y alegre… me lo pueden tirar abajo. Igualmente creo que viene bien tener unas tablas sólidas para empezar y, por otra parte, nunca está de más recordar a la gente que el folk puede ser divertido (sin tener que renunciar a tu estilo), que no necesariamente tiene que ir cargado de intensidad. Esa madurez musical de la que hablamos pertenece más a un momento concreto. Para aclararnos, en directo damos la vuelta a varias canciones de este disco, les damos más ritmo, y luego uno puede disfrutar de la grabación de un modo más íntimo.

- Hablemos de algunas canciones… Bulletin Board System.

Es la única que está también en Lost Sessions. La compuse en un eclipse de sol que ocurrió en el año 99. Habla de cuando una relación se autodestruye y cuando esta misma relación te conduce a una etapa peligrosa. El título viene del sistema de comunicación previo al chat. Es una metáfora de lo que supone una relación en la que una de las partes funciona como un espejo de la otra, que digamos se convierte en la que manda. Es una canción muy minimalista, con un piano predominante.

- Not Full of Anger... ¿cómo decides que la canción ya está hecha?

El estribillo rompe con el tono alegre del resto, se produce una especie de ruptura en el oyente… luego sube con ese toque de batería a lo The National. Probamos varias fórmulas para unir esas tres canciones que teníamos por separado en un solo tema.

- ¿Siempre compones tú y luego le dais vueltas entre todos?

Los temas los suelo traer yo, pero luego en grupo aportamos ideas, hasta el punto que compartimos autoría. Con Jesus pasó eso, empezó como una canción muy fea hasta que encontramos la solución de un acorde en La mayor, con una distorsión a lo Heartbreakers de Tom Petty.

- ¿Qué me cuentas de Jesus? Es un tema recurrente en los músicos americanos.

En América es una frase común lo de “he encontrado a Jesús”. América juega con la religión a su favor cuando quiere. Es un tema que compuse en 2009, en pleno estallido de la crisis y donde todavía no estábamos tan mal como ahora. Sinceramente, creo que Jesús debería estar en los políticos pero no está, y también está fuera de la sociedad… como figura ética, si no quieres entrar en lo confesional, ha desaparecido de la mentalidad mayoritaria. Completamente. Para mí en el único sitio donde está es en los comedores de Cáritas, en gente que ayuda a sus semejantes… mi idea era hacer un alegato de su figura, en un mundo para el que está muerto y enterrado. Se ha convertido más en un arma arrojadiza entre según qué sociedades, en lugar de lo que debería ser en nosotros… la iglesia también está enterrando a Jesús a su manera, cuando ahora tendría una oportunidad de oro para volver a ser un órgano relevante en la sociedad, y no lo ha hecho. Cuando a la gente le quitas los bienes materiales y queda al borde del abismo entonces puede creer más fácilmente en algo intangible, y a la iglesia no le ha interesado dar apoyo ni ejemplo.

- ¿Crees que la cultura puede recuperar algo de ese Jesús?

Bueno, creo que es necesaria. A mí no me vale como excusa el argumento de que la cultura es inaccesible por una falta de recursos o de aumento de precios. Hay montones de formas de acceder a ella: el mismo internet tiene herramientas, la red de bibliotecas… si no tienes forma de saber cómo se hizo el Kind Of Blue de Miles Davis, o A Love Supreme de Coltrane… puedes encontrar en la biblioteca pública el libro, que vale en una tienda veinte euros, pero allí lo puedes tomar prestado y oir el disco en Spotify… el problema de la gente joven es que ha desconectado los referentes culturales de un sistema de lucha contra el sistema. Cuando los músicos dejan de ser un referente frente a los deportistas (con un radio de acción muy limitado al final)… para mí la música es más liberadora aunque también sea difícil ser profesional en ella… en cambio, cuando nos fijamos tanto en un deportista la admiración va hacia alguien que prácticamente es de otro mundo, por mucho ejemplo de superación que pueda dar. Por no hablar de los modos de vida que presentan como ideales.

El problema no es que haya menos cultura, es que la gente no quiere acceder a ella. Cultura hay, toda la que quieras. Yo he llegado a mis referentes jazzísticos gracias a las bibliotecas. Otra cosa es que no te interese encontrarla, pero si quieres puedes… una generación de entre 18 y 25 años sin cultura está perdida. La cultura es necesaria para que las cosas cambien.

- ¿La música tiene un sustrato social, tiene valor en ese aspecto?

La música te explica, por ejemplo, lo que ocurrió a finales de los años setenta con el punk, cuando Margaret Thatcher está privatizando todo lo que antes era público y quedó una generación perdida. La música te hace pensar cómo se reaccionó ante aquello. Los movimientos musicales están reflejados por los cambios sociales. Si uno no llega a entender eso, se convierte en un miembro más de esa generación perdida. Creo que hay que actuar, aunque con una causa. Tienes que saber por qué lo haces, y la cultura te ayuda a verlo.

- Es curioso: el folk, que viene de una tradición, es más irreverente ahora que el punk.

Sí, era un vehículo de transimisión, como el country a finales del siglo XVIII que traía las historias de lo que sucedía en la otra punta del país, los problemas de miseria, segregación, etc. Y sí, en efecto, es lo mismo que en su época el punk. El problema que tenemos también ahora es el del corporativismo. El cantante de folk contemporáneo que diga las verdades muy claras no podrá pisar un escenario grande… creo que tienes que tener cuidado con lo que dices, porque todo está muy cerrado. Si mantienes una postura muy discordante no tocas.

- Es mejor no depender de subvenciones…

Sí, pero por desgracia prácticamente todas las plataformas principales están dentro de un programa de subvenciones. Al mismo tiempo, el músico también ha dejado de ser el alborotador… es complicado. Creo que a la mayoría le conviene mirar para otro lado.

- Me he quedado sin preguntas.

Creo que tenemos bastante material.

- PARTIDO SON:

Víctor Partido – Voz, guitarra acústica de 6 y 12 cuerdas, armónica.

Arturo Rodríguez – Guitarras eléctricas, pedal-steel, lap-steel y banjo.

Edu Martínez – Piano, rhodes, minimoog, hammond, stylophone y mellotron.

Nacho Yoldi – Bajo.

José Cattaneo – Batería.

Tomás García – Baterías y shaker.

- LINKS DE INTERÉS:

- Web de Partido.

- Sitio de Partido en Bandcamp.

- Greyhead Records.

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[OPINIÓN] LA EXALTACIÓN DEL AHORRO

El miedo es irracional, pero la preocupación y la ansiedad también lo son y casi nunca hay motivos de peso para su existencia privilegiada en nuestra forma de vida. Sin embargo, les hemos dado una amplia presencia en nuestro mundo. Incluso nos molesta cuando alguien apela a cambiar el modo de ver las cosas; nos parece enormemente intransigente que alguien rechace dejarse llevar por el pesimismo y denuncie la idolatría hacia el sufrimiento que tanto impera en nuestra sociedad. Pero ojo, también hay formas de “ver las cosas con esperanza” que alejan a las personas del principal problema  que atravesamos en nuestro país. Ese problema acuciante e hiriente no es la recesión económica, ni tampoco la estupidez de la clase política, ni siquiera lo es la democracia. Ese problema es la injusticia, o más concretamente, la desigualdad. Desigualdad de entendimiento, desigualdad de oportunidades, desigualdad de género y generacional (dos cosas distintas), desigualdad de convicciones y de derechos, de deberes y de responsabilidad. Desigualdad entre empleado y no empleado. No busquen ayuda en el Gobierno, porque jamás la encontrarán allí; no la busquen en sí mismos, porque su propia naturaleza les engañará. Nos movemos en un terreno más vivo de lo que pensábamos. La economía no es tan científica como nos habían explicado… o quizá solo lo es cuando se mira hacia atrás, por eso es una rama incluida dentro de las humanidades.

Es loable encontrar modos asequibles para pasar el día a día; es fascinante la capacidad que tenemos los seres humanos para la supervivencia. Pero es un peligro apoyarse únicamente en el ingenio personal. Hablamos mucho del mensaje que recibimos de los dirigentes, y dedicamos muy poco a reflexionar sobre el mensaje que transmitimos nosotros. Basta con encender el televisor para comprobar que los telediarios ya no se contentan con inundar determinados espacios (como el informe meteorológico) de publicidad sobre cuentas bancarias, ni de llenar una parte sustancial de su escaleta con noticias sobre lo fatal que nos va y sobre lo aún peor que nos va a ir en el terreno económico. Ahora dedican apartados especiales a instruirnos sobre las técnicas de las familias para ahorrar y poder llegar a fin de mes, como una especie de celebración del ingenio que supone una pequeña victoria diaria, que no obstante a la larga es mortal y degradante. Los políticos ven la tele: si ven que hemos descubierto cómo fabricar cremas dentales caseras pensarán que podrán seguir subiendo el IVA en los productos farmacéuticos, pues así de retorcida es su analítica. Sirva como educación para nuestros hijos los inventos para reciclar el material escolar, pero exijamos también a las juntas escolares, de distrito, y a la que haga falta que no cambie cada año el sistema. Aguantemos con el mismo aceite (y no me lo tiren por el desagüe, hagan el favor), pero unámonos a las protestas contra un ministerio de agricultura explotador y avaricioso. Podemos hacerlo.  De hecho, es una obligación hacerlo, por nosotros y por los demás. La resignación es el alimento espiritual de la desigualdad, es como rendirse ante quien nos aplasta y darle una justificación moral para seguir haciéndolo. Por no hablar de caer en el error de emplear la nostalgia del sufrimiento. Ahí si que estaríamos perdidos.

Puede ser imaginativo y divertido encontrar medios para solucionar roturas y hacer apaños, y por supuesto el reciclaje y el ahorro son formidables, vitales para hoy y para el mañana… pero sepan que detrás de cada exaltación del ahorro hay un argumento más para pensar que no pasaría nada si volvemos a los remiendos de la posguerra o del neolítico. Yo, que no he pasado hambre en mi vida, he borrado mis deberes con pan duro… y no es algo que eche precisamente de menos.

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