MEMORIA
DE CENIZAS: LOS RIESGOS DE PENSAR DIFERENTE
Silencio, se quema
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| Entrada al antiguo
Castillo de San Jorge en Triana (Sevilla). |
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No hace demasiado tiempo, durante un viaje
a Sevilla, tuve la oportunidad de visitar el monasterio de San Isidoro
del Campo, situado a unos pocos kilómetros de la capital andaluza.
El estado de conservación del lugar deja bastante que desear, aunque
afortunadamente se ha recuperado gran parte, después de un lamentable
abandono. Pero no sólo el monasterio fue abandonado. Destaca, por
desgracia, la ausencia casi absoluta durante toda la visita de referencias
a un importante suceso que tuvo lugar a mediados del siglo XVI. La aparición
en Sevilla de un grupo de seguidores de la Reforma protestante, al que
pertenecieron importantes e influyentes personajes de la sociedad hispalense,
fue acallada durante siglos, pues no interesaba que se conociesen detalles
de tamaña herejía. Fue precisamente tras una visita a dicho
monasterio que la periodista Eva Díaz Pérez empezó
a mostrar interés por una historia maldita y premeditadamente desplazada
de nuestro pasado. Y así surgió Memoria de cenizas, para
poner las cosas en el lugar que les corresponde. Es gratificante ver cómo
alguien ajeno, en principio, al protestantismo es capaz de reflejar de
forma tan fidedigna y apasionada un episodio tan complejo de nuestra pasada
historia, construyendo para la ocasión una novela trepidante, bien
estructurada y mejor escrita.
Echando la vista atrás unos pocos
años, encontramos el precedente de El hereje, del gran Miguel Delibes,
novela también inspirada en un grupo de reformistas, aunque esta
vez en Valladolid. Y sin desmerecer la obra del autor de Cinco horas con
Mario, la novela de Eva Díaz no sólo no tiene nada que envidiar
a El hereje, sino que, en muchos aspectos, la supera. Pero lo cierto es
que ambas novelas son distintas o –mejor– complementarias.
Y es que mientras la obra de Delibes se puede definir como novela histórica,
Memoria de cenizas es historia novelada; y mientras que la primera es
la novela de un individuo, la segunda es una obra coral, en la que no
hay un personaje que destaque por encima de los demás.
En pleno siglo XVI, cuando media Europa se encontraba inmersa en luchas
intestinas, un grupo de nobles, eruditos y monjes en la cosmopolita y enriquecida
Sevilla adoptan una forma de pensar y vivir el cristianismo muy influida
por los diferentes movimientos reformistas, que ya hacía algunos
años habían cuajado en el centro del viejo continente. A pesar
de las dificultades para entrar en contacto con hermanos en la “nueva”
fe y para conseguir literatura reformista (sensacionalmente plasmado en
el personaje de Julianillo), no fueron pocos los que se sumergieron de lleno
en las refrescantes corrientes del protestantismo, muchos de los cuales
eran influyentes personajes de la sociedad hispalense. Es el caso, por ejemplo,
de Constantino Ponce de la Fuente, canónigo de la catedral de Sevilla
y confesor de Carlos V.
| La tortura
más terrible que sufrieron aquellos que se atrevieron a pensar diferente
fue, precisamente, ésa: ser olvidados, permanecer en la incomunicación. |
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Ello hizo que el “brote” fuese sorprendente y merecedor de quedar
en el olvido, de ser “memoria de cenizas”… Memoria. Si
algo destaca especialmente en la novela (aparte de sus muchas virtudes literarias)
es la preocupación por rescatar para la memoria colectiva lo que
una vez quedó encerrado en las cárceles del olvido. Quizás
la tortura más terrible que sufrieron aquellos que se atrevieron
a pensar diferente fue, precisamente, ésa: ser olvidados, permanecer
en la incomunicación, en el más cruel anonimato. Poco a poco,
la novela va rescatando a estos personajes, que vuelven a ver la luz de
la historia, para regocijo de quienes leemos sus páginas. Antonio
del Corro, María de Bohórquez, el arriero y traficante de
libros prohibidos Julianillo Hernández, el doctor Blanco, Cipriano
de Valera, Casiodoro de Reina…, cada uno con sus propias luchas y
temores, sus dudas y sus convicciones.
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| Primera página de
la Biblia del Oso, llamada así por la marca del impresor, en la que
se puede ver a un oso buscando miel. |
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La novela tiene, además de los personajes, otro protagonista destacado:
la Biblia del Oso, primera traducción completa al castellano de las
Sagradas Escrituras, que Casiodoro de Reina publicó en Basilea en
1569, pero que tuvo su germen años antes en las estancias del monasterio
de San Isidoro del Campo, donde el grupo de monjes jerónimos que
allí residía había asimilado doctrinas heterodoxas.
Durante la visita al monasterio, uno puede observar, tras una vitrina, un
par de ejemplares de la Biblia: la traducción de Casiodoro de Reina
y la posterior revisión de Cipriano de Valera, ambos cedidos por
la Sociedad Bíblica. Sin embargo, ni tan siquiera un pequeño
letrero hace referencia a la importancia de ambos libros. Nada. Volviendo
a nuestro libro, Memoria de cenizas se destapa como una novela con ritmo,
trepidante por momentos; una novela llena de olores y de sabores, pletórica
de un lenguaje rico y de gusto renacentista, capaz de trasladarnos, casi
sin darnos cuenta, al bullicio de la ciudad bañada por el río
Betis, allá por el mil quinientos; a sus fiestas del Corpus, sus
barcos recién llegados del Nuevo Mundo repletos de oro y especias,
sus autos de fe… Una ciudad de contrastes y contradicciones. Aunque
la novela tiene abundantes dosis de ficción, lo cierto es que,
en muchas ocasiones, la realidad supera a aquélla.
Y éste es uno de esos casos. Mientras uno devora los párrafos,
no puede dejar de pensar en cómo fueron los sufrimientos y las
angustias de quienes quisieron ir contracorriente y no les fue permitido;
y aunque se tengan delante líneas inspiradas e inspiradoras, la
realidad tuvo que ser mucho más terrible, difícil de imaginar.
Pero es de agradecer que la novela relate en buena medida los crueles
castigos que infligía aquella llamada “Santa” Inquisición
(como también se agradece que no se obvie que en la Europa reformada
se cometían crímenes similares; aunque ésa es otra
historia…). Para no volver a olvidar… Lo que Memoria de cenizas
nos ilustra es una historia de intolerancia e intolerantes. Y aunque la
Biblia sea en esencia intolerante con el pecado, no lo es con el pecador,
al que Dios ama incondicionalmente, no importa lo que haya hecho o dejado
de hacer. Por ello, debemos recordarnos una vez más que podemos
pensar diferente, y que debemos dejar pensar diferente.
Ojalá nunca vuelvan a suceder hechos como los relatados aquí;
aunque mucho me temo que, hasta que Jesús de Nazaret no vuelva en
toda su plenitud, tendremos que seguir oyendo hablar de episodios de intolerancia
contra el que es diferente, contra el que no piensa igual que nosotros,
o viste distinto, o tiene otro color de piel, otra lengua, otra cultura,
otra… Al igual que la película sobre Lutero lo es para el espectador,
Memoria de cenizas puede suponer todo un descubrimiento para el lector español,
gran desconocedor de la realidad protestante, a la que sigue mirando como
algo ajeno, más propio del mundo anglosajón. Gracias a Dios,
hoy tenemos la libertad de reunirnos y de exponer nuestra fe; pero no siempre
fue así, y en muchos lugares del planeta sigue sin serlo. Por ello,
no perdamos la memoria…
*Memoria de cenizas está publicado por la
editorial Andalucía abierta.
© Daniel Dorrego, licenciado
en filología hispánica y cofundador de Delirante.org
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